Me parece justo dedicar esta entrada del blog a una de las mejores noches de mi vida. Los preparativos de la Eurocopa 2012 sólo me dejaban imaginar la reacción que tendría España tras una victoria. Aquí el fútbol no es sólo un deporte, sino un estilo de vida. Mis compañeros de piso y yo decidimos volver al estadio del Real Madrid y ver el campeonato con más de 10.000 de nuestros mejores amigos. Al final, nos dimos cuenta de que no fue sólo el partido lo que nos alegró la noche, sino la gente. Cuando Mata marcó el cuarto y último gol de España, el público estalló en un mar de vítores que no cesó hasta que me encontré en el silencio de mi propio apartamento.
Al salir del estadio del Real Madrid, seguimos los vítores hasta el metro. Desde el metro, seguimos los vítores hasta Gran Vila. Al llegar a la planta baja del metro, oímos lo que parecía una cuenta atrás. Pero, ¿para qué estaban contando? En cuestión de segundos, nos dimos cuenta de que la multitud estaba contando los segundos que faltaban para poder cruzar la calle. Sin embargo, su misión no era cruzar la calle: lo único que querían era bailar en la calle. Mientras la multitud gritaba 0, me sentí como si estuviera corriendo en la cancha después de un partido de baloncesto. Miré hacia la calle que atraviesa la Gran Vila y no pude distinguir dónde acababa el mar de gente. Desde allí, nos dirigimos a Sol. Sol estaba lleno de españoles celebrándolo. Lo celebraban saltando a la fuente de Sol y tirando el agua por todas partes. Supongo que algunos pueden comparar esto con tirar el cubo de Gatorade sobre su entrenador después de ganar un partido de fútbol americano. Como si no hubiéramos visto suficiente, nos dirigimos a un local del centro. Buscábamos un ambiente menos turístico, y eso fue exactamente lo que encontramos. Los españoles corearon "We Are The Champions" durante toda la noche. Hasta esa noche, no había sentido ninguna conexión con esa canción. Digamos que esa noche se me puso la piel de gallina varias veces (y no de frío). Me pareció irreal formar parte de algo tan grande; algo que acercaba aún más la cultura española a casa. A medida que la noche se acercaba a su fin, me resultaba difícil marcharme. Sin embargo, justo antes de marcharnos fui testigo de algo extremadamente poderoso. Al ver a dos italianos entrar en el bar, sentí ansiedad por ellos. Sin embargo, no era necesario. Enseguida, un grupo de españoles les robó la bandera y la puso en el aire con la bandera española. Fue una imagen que nunca olvidaré.



